Durante millones de años permanecí oculta entre las rocas de un cerro cercano a Lupiana, en las tierras de Guadalajara.
A mi alrededor, la lluvia fue desgastando las laderas, abriendo pequeños caminos por los que descendían la tierra y las piedras. Las estaciones se sucedieron y el paisaje cambió lentamente, mientras yo conservaba mi secreto.
No tenía el color marrón de otras piedras de mi familia. Mi interior era de tonos blancos y azulados, como si hubiera guardado un pequeño fragmento de hielo.
En octubre de 2026, alguien recorrió aquel cerro buscando piedras que pudieran contar historias. Me encontró entre muchas otras y, al desprenderme del nódulo del que formaba parte, mi superficie quedó expuesta a la luz.
Ahora descanso en una pequeña cápsula de metal y cristal, acompañada de un chip que conserva mi origen y permite compartir mi historia.
Durante millones de años guardé la luz en mi interior. Solo necesité un instante para mostrarla.