Durante miles y miles de años permanecí en silencio, cerca del Manzanares, en las tierras de La Marañosa.
Nací en el interior de un nódulo de sílex y allí esperé mientras el río seguía su curso, arrastrando cantos, modelando orillas y viendo pasar estaciones, animales y generaciones humanas. Mucho antes de que este lugar tuviera caminos o nombres, otras manos ya sabían reconocer piedras como yo.
Yo seguía dentro, oculta, compacta, discreta.
Hasta que en 2026 alguien me encontró cerca del río y decidió descubrir lo que guardaba aquella piedra. Un golpe me separó del nódulo del que formaba parte y aparecí con mi forma sencilla y afilada, como si hubiera estado esperando ese instante desde hacía muchísimo tiempo.
Ahora descanso en una pequeña cápsula de metal y cristal. A mi espalda llevo un chip que conserva mi origen y permite que mi historia viaje más lejos que el agua que me vio nacer.
El río pasó durante siglos junto a mí. Pero solo un golpe consiguió despertarme.